CRÓNICA 4
INCONDICIONAL
Hachiko, el
mejor amigo del hombre, acompañó a su dueño hasta después de la muerte en el
Japón. En Arequipa la familia Camargo Vargas paradójicamente tienen una mascota
con el mismo nombre y sufrieron en su ausencia. “Hachiko” se ha convertido en
el engreído de la zona 4 de la Asociación “Las Flores”.
La mirada de un can tiene el poder
de expresar lo que muchos humanos no podemos expresarlo. Es un lenguaje que
pocas personas pueden sentirlo e interpretarlo. Una mañana de compras en el
mercado del Avelino fue el momento testigo para que la señora Margarita Vargas
encuentre a su fiel amigo, a su incondicional, al engreído de la casa. Ese encuentro
fue peculiar, solo el cruce de miradas era un presagio para que “Hachiko” saque
más de una sonrisa a la familia Camargo Vargas, en la Asociación de Vivienda
Las Flores en el distrito de Cerro Colorado.
En una caja de cartón, de aquellas
grandes donde se alberga la manzana, acompañado de una decena de cachorros pero
solo uno se distinguía y se robaba el cariño con la mirada de un lenguaje único
que fue lo que motivó pagar a doña Margarita la cantidad de diez soles. Un
“ferro” como lo llamaba el vendedor es lo que valió ese cachorro de raza única
(otros lo llaman corriente), de color negro, con las orejas bien largas, patas muy delgadas, con la nariz seca y lleno
de lagañas, al que posteriormente se llamaría “Hachiko”.
El nombre del cachorro en el Perú (Hachiko)
se está volviendo muy común. Carlos, el hijo de doña Margarita fue el de la
idea que seguramente al igual que muchos otros dueños de canes pusieron ese
nombre inspirado en la película “Siempre a tu lado” donde el protagonista es
“Hachiko”. Un perro japonés de raza Akita, recordado por su lealtad a su amo,
el profesor Eisaburo Ueno, incluso su lealtad fue varios años después de la
muerte de su dueño.
No tuvo que pasar mucho tiempo para
que el “Hachiko” de la familia Camargo Vargas haga honor a su nombre y muestre
la lealtad a cada uno de los integrantes. El cachorro creció en el mejor
ambiente de hostilidad, pues era un integrante más del hogar.
Hachiko, el japonés, acompañaba a
su amo a la estación de trenes para despedirse allí todos los días cuando su
dueño iba al trabajo, y al final del día volvía a la estación a recibirlo. Esta
rutina, que pasó a formar parte de la vida de ambos en la película que está
basada en un hecho real. El “Hachiko” de los Camargo paradójicamente se
acostumbró a realizar una acción similar. Cada vez que Doña Margarita iba a
realizar compras al mercado, “Hachiko” lo acompañaba hasta la avenida 54 a
tomar la movilidad y regresaba al mismo lugar, escapándose de la casa, para
recoger a su dueña y ama.
EN ESPERA
En ese trajín de acompañar a la
dueña, un día Hachiko no fue a esperar en la avenida como era de costumbre lo
que causó extrañeza en la señora Margarita, en ese momento ella pensó que se
había quedado en casa o no lo habían dejado salir. Pero al llegar a la vivienda
el can tampoco se encontraba ahí, entonces la angustia y la desazón se inundó
en toda la familia, que abarcó toda la cuadra y toda la zona. Nadie daba razón
de su paradero, yacían las 17:30 horas, el sol caía, las primeras estrellas
daban la bienvenida a la noche y acompañaba la preocupación a la dueña de la
casa. El esposo llegaba del trabajo, los hijos de sus estudios pero Hachiko no
llegaba.
Después de largas horas de
búsqueda, aproximadamente a las 22:00 Hrs. Los Camargo regresaron a su vivienda
frustrados y con la impotencia de no poder encontrar al engreído de la casa,
les importaba poco si habían cenado o no, ellos no dejaban de pensar en él y
sabían que no podrían descasar tranquilos. El silencio fue el protagonista de
esa noche, pues cada uno pensaba a su manera y hasta en el peor de los casos.
Luego de unas horas, un golpe en la
puerta de la vivienda despertó a todos y fue Doña Margarita quien se levantó de
su cama, apresurándose a revisar que sucedía. Hachiko estaba ahí, con la misma
mirada de la primera vez del Avelino, con el mismo lenguaje, con la misma
expresión y todas las características que siempre lo distinguieron pero esta
vez tenía una línea marcada en el cuello y con algunas astillas, no estaba
herido, pero si golpeado. Aparentemente lo habían secuestrado y amarrado con
una soga, había luchado para escapar de las manos extrañas para regresar al
hogar donde nunca le faltó nada.
Un animal, es un ser vivo que vale
la pena cuidar, es una gran responsabilidad que asumes cuando tienes uno, ellos
solo dan amor, y quieren que cualquier persona también se los de. Es casual que
un perro que lleva el nombre de un can histórico del Japón tenga similares
comportamientos a uno en la vida actual. Esas actitudes solo se aprenden y se
maneja como nosotros quisiéramos si la mascota lo recibe con los mejores
sentimientos.
El “Hachiko” de Las Flores ahora no solo es un
perro querido por sus dueños sino también por toda la zona 4. ¿Entonces el
nombre no tiene nada que ver el comportamiento? Solo recuerden que cualquier parecido
con la realidad es pura coincidencia.




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