CRÓNICA 5

MOTOR y motivo
Los accidentes en motocicletas es un común denominador en las pistas de nuestro país que son provocadas en su mayor parte por irresponsabilidades humanas. Miguel Noriega es un motociclista que más allá de su pasión se gana la vida a través de este tipo de vehículo motorizado. Su religión es una de la fortaleza y que le permite seguir llevando dulzura a cada rincón de Arequipa.



Las motos muchas veces son símbolo de miedo y peligro, pero no nos damos cuenta que en detrás de esa herramienta hay un amor tácito. Hace 20 años que Miguel Noriega Cáceres no imaginaria que subirse a un vehículo motorizado de 2 ruedas iba convertirse en su rutina, su vida y su pasión. A pesar de los múltiples accidentes que tuvo y tener conocimiento de los riegos que asume la necesidad, la adrenalina y con su fe en el altísimo, se anima a vivir el día a día con la chispa que siempre lo caracteriza. 

El primer día de la semana es tal vez el día más pesado y más estresado por todos los colaboradores de la empresa Helados Artika. Son las siete horas con treinta minutos, desde las inmediaciones de la Calle Bolívar se escucha un “run run…” acompañado de la bocina. Al ingresar al centro de trabajo, “Miguelon” saluda a todos sus compañeros siempre con una broma para amenizar la mañana. Miguel sabe que de nada le serviría ser renegón, pues su religión cristiana influye en su vida y la paz siempre se encontrara con él. Así que mejor se pone unos audífonos para no no entrar en el ambiente pesado que se siente en la empresa, como fue el de aquella mañana.

Miguel Noriega, de tés canela, joven aún de 35 años, motociclista y padre de José Miguel, un pequeño de apenas cuatro años. Trabaja para la empresa Helados Artika más de 10 años ofreciendo a todas las bodegas de Arequipa, los mejores sabores, los mejores productos y los mejores helados. Cada vez que visita una tienda los clientes ya lo reconocen y se atinan a bromearle e invitarle una gaseosa y conversar un rato en el mejor de los casos, en el peor de los casos le levantan el dedo con la señal de que NO harán pedido, pero el igual se acerca para saludar al cliente con la consigna de tal vez convencer para que compren algún producto.

Pasado el mediodía es una ley de él ir  a la casera del restaurante, que en realidad vendrían a ser cuatro caseras, depende de la ruta que le toque. Y cada vez que el estómago le pida su necesidad alimenticia, él siempre tiene la idea de manifestar de que es hora de “llenar el corazón” así no haya ventas, el siempre comerá. Su plato favorito y que nunca pierde el apetito es el caldo de moto y revuelto de chuño. 

De todos los días. Los viernes y sábados son para él los días más pesados y largos. Tiene que visitar las zonas más alejadas de la ciudad,  esos días se convierten en los días cautelosos sobre todo ante tanto irresponsable que se encuentran en el volante y en las pistas. Uchumayo y el Cono norte son las rutas más largas, la avenida aviación y la antigua panamericana son testigos de sus travesías.

EL SUSTO DEL TRAJÍN

Un viernes de travesía se convirtió en el de pesadilla. A altura de la Av. Aviación, frente a la FAP (Fuerza Área Peruana) se le cruzó una couster de servicio público, los reflejos de Miguel fueron muy buenos, su maniobra inmediata evitó lo que pudo a ser un fatal accidente. El chofer de la couster se detiene y se mofa, a lo que él solo atina a responderle con la mirada. La irresponsabilidad del conductor del vehículo de servicio público fue sorprendente, ahora uno entiende por qué tantas accidentes en moto.

La gente que se encontraba alrededor, reaccionan y regañan al conductor. El chofer grita acaloradamente, ¡¡no me fastidien, él se metió en mi carril!! El murmullo de los pasajeros de la couster fue constante. Se oyen los insultos, palabras soeces que cargaron el ambiente de todo el lugar. Algunos tratan de ayudar a Miguel. Otros se ocuparon en llamar a la policía o regañar al conductor desde la ventana, algunos por prisa se bajaron del carro y tomaron otra línea. Las consecuencias de ese “accidente” pudieron ser peor.

Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) reveló que en el años 2014, Arequipa fue el departamento que registró la tasa de accidentes de tránsito más elevada con 651,8 accidentes por cada 100 mil habitantes, mientras que la provincia de Lima registró 636,4 accidentes por cada 100 mil habitantes, ambos por encima del promedio nacional (402 accidentes de tránsito por cada 100 mil habitantes). Realmente algo muy preocupante en nuestra ciudad.

Ese incidente  gracias a Dios y la fe de Miguel no llego a ser accidente, hace reflexionar que ser conductor de cualquier tipo de automóvil no es una cosa de gustos o modas, en realidad es ser profesional. Es cansado escuchar todos los días accidentes en los diferentes medios de comunicación, pero si nosotros no tomamos conciencia como queremos cambiar la situación. Hoy los jóvenes piensan que la moto es como una bicicleta, donde lo único parecido es tener dos ruedas, cuando en realidad va más allá que una pasión y profesión.

Miguel Noriega Cáceres sigue llevando la felicidad y dulzura de Helados Artika todas las bodegas de la ciudad y a través de su herramienta como es la moto. Dios siempre estará con él y el solo se encargará de hacer las cosas bien.   

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