CRÓNICA 1

ORGULLO HERIDO
Vigilante es herido cuando iba a comprar el pan más consumido por hoteles y restaurantes prestigiosos de Arequipa. El acceso al callejón de Ripacha se ha convertido en un peligro los fines de semana para todos los pobladores. Autoridades aún no pueden controlar el centro histórico de la ciudad.


El arequipeño es igual de orgulloso cuando habla de su tierra, como lo habla un argentino de su futbol. El arequipeño tiene carácter combinado de todas las culturas quechuas y aimaras. El arequipeño no es cholo es un “cholololo”. El arequipeño no tiene porque envidiar a nadie ni subestimar a nadie porque lo que crece en esta tierra es única, porque el más grande que un arequipeño solo puede ser el Misti. Así siempre afirma Julio Puma al hablar de Arequipa.

Según el “pantera” vivir en Arequipa es una bendición de Dios. Él tiene 57 años, es vigilante hace más de 20 años en una empresa de transportes. Su turno preferido siempre ha sido las noches, porque no le aburre y no es tan estresante como en el día. Su horario de salida son a las 06:00 horas y lo primero que hace al salir es dirigirse al callejón Ripacha ubicado en el barrio de San Lázaro. Al menos esa es su rutina de las mañanas hace más de 20 años.

¿Pero que hay en el callejón Ripacha y que es lo puede jactarse de ese lugar? En Arequipa existen gustos y sabores para todos los paladares. Está el pan de tres puntas, el pan de trigo, el pan común y otros tipos de panes que algunos forasteros lo trajeron y quieren dárselo de exquisitos. Pero para Julio nadie se da cuenta que tenemos el pan más pequeño pero más grande en su sabor y que es muy tradicional, él lo compra y consume hace más de 20 años, él se refiere al pan de Ripacha.

Julio todas las mañanas camina desde la calle San Pedro hacia la calle Ayacucho pasando el Seguro Social y bajando por las calles serpentinas del barrio de San Lázaro, cruzando la avenida Juan de la Torre, cruza un pequeño puente que da hacia una joyita de plaza que se divisa, y a un costado la iglesia de San Lázaro y a sus espaldas de dicho templo, hasta allí llega Julio para comprar su Pan de Ripacha  de lunes a sábado.

Su rutina siempre fue así antes de ir casa,  hasta que el 15 de Mayo sufrió un asalto por cortar camino en uno de los callejones del barrio de San Lázaro. Seis personas en estado de ebriedad lo redujeron por el callejón Carlos Llosa, le pidieron la “colaboración” de diez soles para comprar más trago a lo que él no accedió y por enfrentarlos terminó con la cabeza rota y cortes múltiples en los brazos. No lograron quitarle sus pertenencias pero si lo dejaron muy herido.

COMPRA INSEGURA

Los vecinos del lugar al percatarse del incidente, llamaron al serenazgo y la policía para que le presten auxilio. Los paramédicos de la municipalidad provincial de Arequipa actuaron de manera rápida llevándolo al seguro que se encontraba a una sola cuadra. Los vecinos aprovecharon para reclamar más seguridad en la zona ya que el barrio de San Lazaron se ha convertido más en una cantina pública. Recalcaron que por esos detalles es que la UNESCO pueda quitar el título de patrimonio cultural de la humanidad.

Julio Puma fue internado por una semana en el hospital Carlos Alberto Seguin Escobedo, pero aun cuenta con descanso médico y está en un estado de salud estable. Las cámaras de seguridad más cercanas al lugar del atraco no lograron captar del todo a los facinerosos. Lamentablemente aún sigue en materia de investigación que falta esclarecer y encontrar culpables.

Así como a Julio que por ganar un poco más de tiempo le sucedió el lamentable hecho, le pudo haber sucedido a cualquiera. Si el pan de Ripacha no tiene mucha difusión y no es tan conocido es justamente por el miedo que tienen las personas al cruzar desde tempranos horas los callejones del Barrio de San lázaro. Estamos en el riesgo de perder un título que nos dio la UNESCO, la instalación de cámaras y patrullaje es necesaria en esta zona.   

En esta oportunidad al “pantera” Julio no le basto su orgullo, su carácter y su amor a su Arequipa para luchar contra la delincuencia. Para luchar contra ellos necesitamos más de ellos, necesitamos unidad.

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